La recuperación del empleo femenino sigue a cuenta gotas. Mientras se impulsan millonarias inversiones en infraestructura y se reactivan sectores mayoritariamente masculinos, las nuevas contrataciones a mujeres están siendo promovidas con 20 mil pesos extra en el subsidio al empleo, cifra que no cubre siquiera la diferencia por brecha salarial de género (23,2% ESI, 2019). Para compensarla, según nuestras estimaciones, este aporte adicional debió ser el triple, ascendiendo a los 57 mil pesos.

No es de extrañar entonces que al 16 de octubre, según datos oficiales, solo el 37% del subsidio “Contrata” estuvo dirigido a las trabajadoras y el 33% del subsidio “Regresa”. Es claro que estas herramientas no son una “bala de plata”, pues la transformación digital demanda políticas de recapacitación y reconversión laboral que complejizan el panorama. Pero tampoco se están impulsando medidas afirmativas que apunten a la corresponsabilidad y liberen a las mujeres de su mayor costo de contratación por la maternidad.

Con todas las consecuencias ya sabidas de la pandemia en curso, no se vislumbra un regreso fácil de las 750 mil mujeres que en un año pasaron a ser inactivas (ENE, 2020). ¿Estaremos encaminándonos a un proceso de recuperación tardía, según define el McKinsey Global Institute?

Cuando las políticas públicas no están pudiendo dar el ancho con las mujeres y aún con un rol insustituible, cabe mirar qué están haciendo las empresas -agentes responsables y actores clave de la economía- para recuperar esta década perdida en empleo femenino.
Los resultados de la Iniciativa de Paridad de Género (IPG Chile), bajo el impulso del BID, el WEF, el gobierno y ComunidadMujer como secretaría ejecutiva, rol que entregamos estos días al Ministerio de la Mujer y EG, han demostrado el potencial transformador de las empresas, cuando se promueve permanentemente un compromiso riguroso y metódico. A la fecha, esta alianza público-privada ha permitido que las 180 empresas adheridas, de todos los rubros y tamaños, avancen más rápido que sus pares hacia la igualdad de género en el desarrollo de trayectorias laborales.

Solo un botón de muestra. En sus primeros cuatro años de funcionamiento y hasta 2019, la presencia de mujeres en las empresas IPG creció el doble que sus pares nacionales. Mientras las trabajadoras se ven perjudicadas por unas brechas salariales inamovibles, en las compañías IPG estas diferencias se redujeron más de un 35%, a la vez que incrementaron en un 25% la representación femenina en puestos de liderazgo.

Con un potencial único, la IPG avanza fortalecida a una nueva etapa para su institucionalización como plataforma público-privada, donde será clave fortalecer la perspectiva de género en las políticas públicas y prácticas empresariales ante una crisis económica que desafía a trabajar con convicción y compromiso para no dejar a las mujeres atrás.

Columna publicada en La Tercera el viernes 04 de diciembre de 2020