Asociación Chilena de Organismos No Gubernamentales

Por un SERNAM laico

Las diversas controversias surgidas en torno a algunos nombramientos de nuevas autoridades por parte de la Presidenta electa, han opacado injustamente sus aciertos evidentes. La designación de Claudia Pascual y Gloria Maira, como Ministra y subdirectora del SERNAM es una de las buenas noticias, especialmente para las mujeres: un sector de la sociedad que en […]

Las diversas controversias surgidas en torno a algunos nombramientos de nuevas autoridades por parte de la Presidenta electa, han opacado injustamente sus aciertos evidentes. La designación de Claudia Pascual y Gloria Maira, como Ministra y subdirectora del SERNAM es una de las buenas noticias, especialmente para las mujeres: un sector de la sociedad que en nuestra historia reciente no ha cejado de actuar organizadamente en defensa de sus derechos.
A los ya mencionados factores de renovación política que adjetivan positivamente estas nominaciones -en orden a sumar al Partido Comunista en un caso y al movimiento social de mujeres en otro, a la tarea de gobernar-, se suma un rasgo que distingue con fuerza a esta dupla de sus antecesoras. Admitamos que además del criterio de representación de sectores partidarios de cada coalición gobernante que han caracterizado estos nombramientos, en todos los gobiernos pos dictadura a lo menos una de estas autoridades ha profesado la religión católica. Este no es un dato baladí, si consideramos que a pesar de que en Chile el Estado se separó de la Iglesia el año 1925, mediante un proceso muy oneroso para el erario nacional, las iglesias y en particular la católica han tenido un papel gravitante en las decisiones y omisiones que sobre las políticas de género ha tomado el Estado chileno.
Pascual y Maira son, según sabemos, mujeres plenamente independientes respecto de estas presiones. Para todas las mujeres, incluidas las que profesan diversas religiones, es una buena noticia la expectativa de que las futuras políticas del SERNAM estén dictadas por la doctrina de pleno respeto a los derechos humanos de las mujeres, más que por dogmas que siendo orientaciones de vida legítimas en el plano individual, no pueden imponerse como verdades universales.