Asociación Chilena de Organismos No Gubernamentales

Llegó la hora del Poder Constituyente

La calle, que llevó la iniciativa política durante el gobierno de Piñera, especialmente entre 2011 y 2012, hoy parece callada, tímida, desierta. Es tal el nivel de desmovilización que la derecha empieza a probar cómo copar ese espacio, tal como lo intentó la CONFEPA; alimentada por los sostenedores de colegios subvencionados. La patronal, representada por […]

La calle, que llevó la iniciativa política durante el gobierno de Piñera, especialmente entre 2011 y 2012, hoy parece callada, tímida, desierta. Es tal el nivel de desmovilización que la derecha empieza a probar cómo copar ese espacio, tal como lo intentó la CONFEPA; alimentada por los sostenedores de colegios subvencionados. La patronal, representada por la CPC, se atreve a descalificar a la Presidenta en su propia cara, basureando sus reformas.

La política regresó a los pasillos de los partidos y de las confederaciones patronales. No cruza ni siquiera por los salones académicos, o los seminarios de los centros de estudios. Una nueva cocina está cociendo a fuego lento a puerta cerrada los cambios legales del período. Se nota que los sectores progresistas de la coalición de gobierno están cumpliendo a raja tabla su parte en el acuerdo: la gobernabilidad parece asegurada y la estabilidad social garantizada. Pero la vieja Concertación no cumple con su parte con el mismo rigor y escrúpulo.

Es muy probable que este escenario de desmovilización llevará a una debacle electoral a los sectores progresistas de la Nueva Mayoría, principalmente por el incremento del abstencionismo. Ello podría revertirse si el producto de las reformas, por las cuales se ha implementado esta férrea disciplina, fueran contundentes, enjundiosos y consistentes. Pero luego de la aprobación a puerta cerrada de la Reforma Tributaria, de los acuerdos con la Iglesia en torno a la reforma educacional y a los escasos cambios que se avizoran en materia laboral, el panorama se ve desilusionante.

Mientras tanto, la ciudadanía calla y otorga, entre la desidia y la desconfianza de muchos y la complacencia de otros. Por una parte, fatalismo, esa sutil actitud vital que se resume en la frase tan chilena “es lo que hay”. Por otra, por una falsa lealtad política, que obedece acríticamente a una dirección partidaria que manda callar y trabajar.

Es urgente iniciar una respuesta. Volver a la calle. El domingo 23 de noviembre una serie de organizaciones sociales y políticas ha convocado una marcha en Santiago, que se replicará en Valparaíso y La Serena, bajo la consigna “Sin Asamblea Constituyente No hay Nueva Constitución”. Se trata de un intento de reposicionar la movilización social en torno a la demanda central en esta coyuntura. Los cambios sectoriales, que se ven dispersos y difícilmente alcanzables, se pueden articular y vincular si se los integra desde la necesidad de alcanzar una nueva Constitución, discutida de forma democrática, que contemple un momento de ruptura institucional con el viejo orden neoliberal.

Para ello es necesario lograr que se convoque un plebiscito vinculante, que devuelva a la ciudadanía el poder de decisión sobre su futuro. El régimen caduco y corrupto impuesto por la Constitución de 1980, y refrendado en el pacto excluyente de 1989, ha dejado un paisaje devastado en términos democráticos. No tenemos tiempo que perder. El 23 de noviembre será un momento para exigir un momento de ruptura constituyente y poner las bases del nuevo país, de la nueva república. El punto de no retorno ya ha comenzado y por más amenazas que hagan los herederos de Pinochet, nada ni nadie podrá impedir que este pedazo de humanidad -que es Chile- haga una aporte a la historia de la lucha por la democracia. Tenemos trabajo, podemos vivir un momento único, no desaprovechemos la oportunidad. Hagamos que la calle vuelva a hablar.