Asociación Chilena de Organismos No Gubernamentales

Las organizaciones de la sociedad civil en México como actoras de interés público

La trayectoria de un conjunto de organizaciones civiles en nuestro país, para conseguir su reconocimiento como actores sociales-políticos y de interés público, ha seguido una larga, compleja y desigual ruta, que en buena medida estuvo determinada o influida por el contexto político nacional e internacional. A partir de la década de los 60 y 70 […]

La trayectoria de un conjunto de organizaciones civiles en nuestro país, para conseguir su reconocimiento como actores sociales-políticos y de interés público, ha seguido una larga, compleja y desigual ruta, que en buena medida estuvo determinada o influida por el contexto político nacional e internacional.

A partir de la década de los 60 y 70 del siglo pasado, en el marco de un entorno crítico, que ya ponía en duda la voluntad y capacidad del gobierno por acabar con las brechas de la desigualdad y la impunidad, surgen las organizaciones civiles como ahora las conocemos, que tenían en su horizonte el cambio social de fondo. No hay duda de que en un país como México, tales desigualdades, injusticias y deficiencias fueron el motor central de la multiplicación de esfuerzos independientes, para buscar soluciones conjuntamente con la población afectada.

Entre los 80 y 90, en una coyuntura política de cierta apertura democrática en varios países de la región latinoamericana, incluyendo México, y el supuesto triunfo del modelo neoliberal, se modifica la estrategia de la mayor parte de las OCS, que se habían movido en la lógica del cambio radical, transformando o reorientando su trabajo en la sociedad. Replantean sus objetivos y sobre todo sus formas de intervención, de cara al gobierno y sus instituciones. Se apuesta a la promoción del desarrollo, con la convicción de situarse con identidad propia en el amplio-diverso espectro de organizaciones de la sociedad civil del país.

Cabe decir que la estrategia de promoción del desarrollo adoptada por prácticamente todas las OSC con una agenda social, tiene un contenido diverso y de gran alcance, donde la equidad, el reconocimiento a la diversidad, la defensa de derechos, la democracia participativa, la perspectiva de género y en síntesis la sustentabilidad, serían progresivamente los componentes básicos, sin los cuales no era posible pensar en un genuino desarrollo.

Con sensibilidad y sentido de la oportunidad las OSC en esos años van cubriendo diversos ámbitos, distintos sectores y temas emergentes, como por ejemplo, la población indígena y campesina, la infancia y juventud, la población en pobreza extrema o marginalidad, las mujeres, el medio ambiente, el libre comercio, los derechos humanos, la salud, la alimentación, la vivienda y el hábitat; la participación ciudadana, la democracia electoral y la deliberativa, entre otros. A la vez va tomando fuerza la estrategia de articulación e integración de redes de organizaciones sociales, regionales y nacionales, temáticas o sectoriales, que sin duda potenciaron el trabajo e impacto de cada organización.

Así las OSC pasan de proponer, a ser instancias generadoras de modelos o formas de intervención alternativas, con un aporte de calidad, más que de cantidad, capaces de actuar conjuntamente con la población, en procesos completos, complejos y de largo alcance, desde el diagnóstico y planes participativos, pasando por la operación y evaluación del proceso, hasta la incidencia en la política pública.

Entre OSC y sus redes se van construyendo la nueva identidad, en el marco de hechos nacionales y acciones paradigmáticas, desde el terremoto de 1985 en la Ciudad de México; la observación ciudadana de los proceso electorales; hasta su presencia decisiva en el levantamiento indígena de Chiapas en 1994, que además de contribuir al proceso de paz, desencadenó movimientos diversos en defensa de los pueblos indios.

Considerando estos hechos relevantes y otros más, es que se delinearon de manera más clara los perfiles de identidad de las organizaciones civiles: i) tomaron distancia de lo político-partidario y del mercado, b) asumieron la autonomía y la independencia como rasgo fundamental, c) se reconocieron como sujetos de derechos propios, por lo que exigieron ser aceptadas como entidades de interés social con derecho a intervenir en el ámbito público.

Los procesos de reflexión conjunta de las OSC, en un horizonte nacional, tomaron fuerza en la últimas dos décadas, para generar opinión pública sobre los grandes problemas nacionales y posicionarse ante ellos.

Se afirma la imprescindible participación de la sociedad civil en el diseño de respuestas a los problemas públicos, para influir directamente en el ciclo completo de la política pública; además de establecer un diálogo entre sociedad y gobierno.

Esto significa un nuevo salto a la visión nacional, la ratificación de nuestra identidad como actores sociales en el amplio espectro de expresiones de sociedad civil, la afirmación del horizonte de defensa y promoción del desarrollo, de la democracia, en el marco de un ejercicio pleno de los derechos humanos.

¡Súmate por más democracia y más derechos!

Campaña por nuevos socios para ACCIÓN

#PorMasAccion