Asociación Chilena de Organismos No Gubernamentales

La Oposición de Mantequilla

Con casi tres meses de rodaje, el gobierno de Sebastián Piñera ha comenzado a delinear con mayor precisión los énfasis y prioridades de su administración. Cada día que pasa se van clarificando sus metas y los proyectos que estaban en el armario conceptual de los nuevos ministros se revelan con mayor nitidez.Guste o no guste, […]

Con casi tres meses de rodaje, el gobierno de Sebastián Piñera ha comenzado a delinear con mayor precisión los énfasis y prioridades de su administración. Cada día que pasa se van clarificando sus metas y los proyectos que estaban en el armario conceptual de los nuevos ministros se revelan con mayor nitidez.Guste o no guste, un gobierno que apareció envuelto en una gran confusión inicial, sin un marco programático claro, que ganó con una campaña electoral que no dijo mucho más que “cambio, futuro y esperanza”, ha empezado en enrielar un discurso más fino en las áreas de su interés.

Dejando a un lado el histrionismo del presidente, que se empieza a asemejar al de su hermano menor más que al reservado estilo de sus hermanos mayores, el gobierno en su conjunto va dando señales claras hacia donde quiere ir. El claro énfasis empresarial se conjuga con un intento descarado de copar el centro político y proyectar a futuro un nuevo tipo de alianza política ampliada. Para ello la reforma tributaria temporal, la reforma al sistema electoral, y sutiles muestras de heterodoxia.

La oposición no parece que avanzar en el mismo sentido. La antigua Concertación hasta hoy no se articula como un frente parlamentario coherente y consistente. Al contrario, la fuerza centrífuga que en los últimos años ha dominado a sus partidos parece seguir con fuerte viento a favor, por lo que no es posible hablar de una oposición, sino más bien de diversas actitudes opositoras que conviven desordenadamente, montando un espectáculo irrelevante y hasta cierto punto invisible para el común de los ciudadanos. Síntoma de este proceso ha sido la alarmante declaración del senador Alejandro Navarro, que señaló con ironía que “hasta ahora es la Unión Demócrata Independiente la que claramente está liderando la oposición”. A su juicio “si la ex coalición gobernante no toma definiciones pronto, terminará perdiendo su rol esperable en esta etapa”.

La sospecha que va estableciendo es que a un sector de la Concertación no le incomoda la “nueva forma de gobernar”. Es más, para una parte de los fueron gobierno el “nuevo estilo” les deja bastante complacidos, y a medida en que emergen los proyectos piñeristas se les hace difícil plantar cara y criticar lo que en el fondo comparten y concuerdan. Se trata de una oposición de mantequilla, suevecita, que se derrite de ganas de ser parte de la fiesta. Su única crítica sincera es que no les invitaron y se quedaron afuera, por ahora. Se trata, como lo ha reconocido el senador Ignacio Walker, de una oposición que lleva tres meses “tratando de encontrar el tono adecuado”. Al parecer todavía no lo encuentran, y es probable que nunca lo hagan.

¿Que pasaría si la estrategia política de la derecha, de avanzar hacia el centro por medio de medidas efectistas e inesperadas, se logra empatar con esta oposición de mantequilla? Un proceso de esta naturaleza daría pué a una reconfiguración de la política chilena. Tal vez la UDI efectivamente ingrese a la oposición y la Concertación pase definitivamente a decorar los libros de historia, junto al Frente Popular, el FRAP, la UP o la Alianza Democrática. Y el nuevo pacto de Piñera logre hegemonía cultural y política por un buen lapso de tiempo.

La clave en este proceso radica en el sector que logre imponerse en las internas de la Democracia Cristiana. Si la oposición de mantequilla, la DC principesca, logra vencer, sería un presagio favorable al Piñerismo de primer orden. En cambio, si la propuesta de Mariano Fernández es la que triunfa, es posible esperar que la derecha no lo tenga muy fácil y se podría empezar articular una oposición de verdad, que disienta de las políticas de la derecha y no sólo se oponga como parte de los juegos de poder.

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