6 de noviembre de 2012

La fe en las encuestas

La fe en las encuestas por Rosario Puga
Integrante directorio de ACCION y Directora de Radio Tierra

¿Hay que creer a las encuestas? La precisión de las encuestas quedó puesta en entredicho en las últimas elecciones municipales. Fueron muchos los presuntos ganadores en los estudios de intención de voto que resultaron defraudados. La Tercera y El Mercurio estaban tan seguros de sus propios sondeos que apoyados en los porcentajes hicieron verdaderas proclamaciones anticipadas. Así se borró la frontera que debe separar información y propaganda. Y también se marcó los términos del debate político pre electoral.

Es bastante difícil desafiar el rango de medición objetiva que tienen las encuestas pero lo cierto es que la “encuestocracia” debe ser cuestionada en la medida en que no es inofensiva. Sus efectos en un contexto electoral son parte de una distorsión más amplia, que las convierte en instrumentos de poder, más aún cuando vienen acompañadas de una maquinaria de propaganda, como la que tienen los grandes medios de comunicación.

Y aunque es imposible poner límites al efecto de las encuestas hay que considerar que los medios de comunicación deben conservar su independencia de los sucesos políticos en función de poner a disposición de la ciudadanía información, lo que requiere una imparcialidad que va más allá de construir hechos en base a las cifras.

Sobre los errores de los sondeos algunos expertos señalan que los sesgos están en la toma muestral, que la encuesta telefónica tiene mayor margen de error. Las explicaciones sobre las equivocaciones en las proyecciones pueden ser muy variadas, pero lo concreto es que las encuestas deben ser cuestionadas como generadoras únicas de las pautas del debate político. Es ahí donde los errores adquieren significado. Porque si la lógica es que las encuestas son parte del derecho ciudadano a un voto libre e informado deben regirse por un mínimo de probidad.

A la luz de los resultados llama la atención que en los cálculos estadístico nadie se haya arriesgado con los porcentajes de abstención. Tal vez existían sondeos privados pero los encuestadores y los medios a la hora de proyectar resultados se cuidaron de no poner el tema en el debate. Y eso es llamativo porque detrás de las encuestas están los analistas que interpretan los resultados. Muchos de ellos convierten la medición en el hecho y después del 28 de octubre es obvio que hay diferencias.

En estas elecciones quedó probado que las encuestas como parámetros exclusivos para el debate tienen validez relativa. Para el período que viene habrá que estar atentos a las mañas de quienes convierten las cifras en hechos, porque la credibilidad de las encuestas salió bastante dañada.

Los medios de comunicación deberán ser serios a la hora de convertir las encuestas en generación de información. De cara a lo que viene al menos deberían sincerar sus propias opciones, así se entendería el “el margen de error”.

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